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La Cebadina: el refresco emblemático de León, Guanajuato

Cuando el sol cae con todo sobre el asfalto y el calor de León se siente hasta en los huesos, hay un remedio que nunca falla: un vaso bien frío de cebadina recién preparada. Espumosa, rojiza y burbujeante, esta bebida tradicional no solo refresca el cuerpo, también revive el ánimo. En una ciudad donde las tardes pueden ser intensas y secas, la cebadina se ha convertido en ese respiro dulce y ácido que te salva del bochorno y te conecta con la tradición.

La cebadina es una bebida tradicional mexicana que encontró en León su casa y su fama. Aunque su nombre proviene de la cebada, con el paso del tiempo la receta evolucionó y hoy combina sabores intensos y refrescantes como tamarindo y jamaica, logrando ese equilibrio perfecto entre dulce y ácido que la hace única.

La historia de la cebadina se remonta a mediados del siglo XX. Fue creada por el señor Ramón Arrieta, quien inventó y registró esta bebida en 1945 mientras vivía en Guadalajara, Jalisco. Más tarde se mudó a León, donde en 1947 abrió una tienda llamada La Cebadina, en los portales del centro histórico, y desde entonces la receta se popularizó entre locales y visitantes.

Con los años, la bebida se ha convertido en un símbolo gastronómico de León, tan importante que muchos locales afirman que “si no tomaste cebadina, no conociste León”.

 

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Modo de preparación: sabor refrescante con tradición

La cebadina se caracteriza por su color rojizo intenso y su sabor refrescante y ligeramente burbujeante. Aunque existen distintas formas de prepararla, lo esencial del proceso tradicional es:

  1. Fermentación base: Se deja reposar la cáscara de piña con piloncillo y agua durante 2 a 3 días a temperatura ambiente. Este fermento se usa como base y es lo que le da ese toque especial.
  2. Ingredientes principales:

    • Cebada o fermento de piña

    • Pulpa de tamarindo

    • Jarabe de jamaica

    • Agua y hielo

    • Una cucharada de bicarbonato de sodio al servir

  3. El toque efervescente: Justo antes de servir, se añade bicarbonato de sodio, lo que provoca que la bebida burbujee y se eleve, por eso se recomienda tomarla rápido para que no se derrame.

Aunque el tradicional fermento de cebada ya no se usa siempre, sigue siendo parte del nombre y del encanto histórico de la bebida.

Popularidad que traspasa generaciones

Con el paso de los años, la cebadina se convirtió en tradición familiar. Abuelos, papás e hijos han compartido el ritual de verla espumar antes de dar el primer trago. Además, su presencia en el centro histórico la ha vuelto parte del recorrido turístico obligado.

La cebadina no sólo es refrescante, sino que también se ha ganado un lugar en la cultura culinaria de León por varias razones:

  • Refrescante y digestiva: Muchos locales la consumen para “el desempance” después de comidas pesadas o picantes, gracias al bicarbonato y a los ingredientes naturales.

  • Un símbolo de identidad: Ha acompañado a generaciones de leoneses y se ha convertido en una bebida que identifica a la ciudad y a su gente.

  • Turismo gastronómico: Hoy en día es común encontrar puestos y locales que venden cebadina en el centro histórico, y muchos turistas la prueban como parte de la experiencia al visitar León.

Además, en los últimos años algunos emprendedores han innovado la receta tradicional creando versiones con sabores exóticos o adaptadas para dietas especiales, como opciones sin azúcar.

La cebadina no solo se toma, se vive. Es el sonido del hielo chocando contra el vaso, la espuma subiendo rápido y la primera sensación fría que te recorre la garganta cuando el calor está en su punto más alto. Es pausa, es antojo, es identidad.

En cada burbuja hay historia, en cada sorbo hay barrio y en cada vaso hay un pedacito del corazón leonés. Porque en León el calor podrá ser intenso… pero siempre habrá una cebadina lista para bajarlo.

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